Disciplina positiva: reñir a un niño con amor…¿Es posible?

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Ya sabemos lo que puedes estar pensando cuando escuchas hablar de disciplina positiva, de técnicas de modificación de conducta, etc…

» A mi me gustaría ver a este psicólogo con una rabieta de mi hija!»

Todos los autores, psicólogos, terapeutas y demás que hablan del tema sin quererlo nos hacen sentir pequeños, culpables y sobretodo malas madres.

Pero es importante que sepamos escuchar lo que nos quieren decir porque estas técnicas de disciplina positiva se estan erigiendo como técnicas eficaces tanto para los padres como para la construcción de la autoestima de los niños.

Que estés con los oidos abiertos e intentes leer y aplicar todo lo que puedas estas técnicas no significa que no vayas a perder los nervios cada dia (que lo harás!). Porque seguimos siendo madres con muy poco tiempo, muchos frentes abiertos e immersas en una sociedad que no hace nada fácil la conciliación. Así, es un caldo de cultivo para ir a lo fácil y aplicar técnicas de educación arcaicas (las que hemos recibido nosotras) y obviar estas modernas corrientes de educación que están emergiendo.

Pero te aconsejo que aún así lo intentes, porque si lo intentas o lo aplicas un poco, eso siempre será mejor que nada. Partiendo de ahi para evitar sentirte culpable todas las veces que NO lo hagas, irás observando que estas técnicas tan complicadas de llevar a cabo:

1-Son muy efectivas: Bien aplicadas nos ahorran tiempo en futuras regañinas y evitan futuras regañinas porque al atacar el problema concreto impide que se haga una bola enorme que luego es muy dificil de atacar.

2-Niños más felices: Ellos necesitan ver a sus padres felices y contentos y si estamos todo el dia enfadados y mandando mensajes de lo «mal» que lo estan haciendo esto afectará su autoestima irremediablemente.

3-Podremos identificar posibles errores más graves de la educación que intentamos transmitir sin saberlo y asi podamos modificarlos.

Cuando tenemos que regañar a un niño y hacerle entender de manera eficaz que se equivoca, no sirven de nada los sermones, chantajes, acusaciones o castigos.

«Para hacerse escuchar, sólo se necesita un minuto, siempre que se tengan presentes tres principios sencillos: el castigo debe ser immediato y breve (no debe durar más de un minuto), limitado a un sólo episodio y debe estar seguido «siempre» de un estímulo

La reprimenda ideal

Veamos como debería ser la reprimenda ideal:

1. Es immediata: Se desarrolla en el momento, en cuanto ha ocurrido el hecho, y no se pospone. El niño vive en un eterno presente y es incapaz de proyectarse en el futuro o de volver al pasado. Frases como: «Verás esta tarde cuando venga tu padre» o «Mañana nada de tele» no tienen ningún sentido para él. Es más, el niño encuentra inconcebible que la tomemos con él por un hecho que ha desaparecido hace tiempo.Al igual que es inconcebible ser castigados en diferido, cuando el padre vuelve a casa y el ambiente ya está tranquilo, por algo que casi ni siquiera se acuerda.

2. Se limita a describir los hechos: Expliquemos claramente cuál es la acción objeto de la reprimenda. Por ejemplo: «Has tirado el mando al suelo» Parece banal, pero se trata de una precisión necesaria, porque cuanto más pequeño es el niño, más se olvida de como debe comportarse, y en muchos casos, puede que no comprenda los motivos de la reprimenda.

3. Repite la norma infringida: «Ya te he dicho que no quiero que tires cosas al suelo» Aunque se lo hayamos repetido cien veces, no nos cansemos de recordársela: tengamos presente que las normas no forman parte de los comportamientos innatos, sino que son objeto de aprendizaje, como lo son para todos nosotros los vocablos y las normas gramaticales de una lengua extranjera. Hay que repetirlos muchas veces para que puedan asimilarse. Para el niño, es natural tirar al suelo lo que tiene en la mano si algo le ha hecho enfadar. Digámosle lo que sentimos frente a su comportamiento: «Cuando veo que haces daño a los demás, me enfado muchísimo» Recordemos no usar palabras que le niegan la posibilidad de cambiar y mejorarse «Nunca eres…Siempre eres…Todas las veces…»

4. Presenta los inconvenientes del comportamiento incorrecto: «Si tiras el mando al suelo, se romperá y no podrás ver los dibujos». Se trata de un punto fundamental. Para que el niño entienda nuestro mensaje a fondo, es importante presentarle la travesura como un comportamiento desventajoso para él, antes incluso que para nosotros. De hecho, el niño aún no ha desarrollado la sensibilidad que le permite entender las exigencias de los demás. Además, no posee los instrumentos para valorar las consecuencias de sus acciones. Por tanto, nos toca a nosotros explicarle los efectos negativos de sus comportamientos : sólo de esta manera, podrá entender la lógica de las consecuencias y, poco a poco, aprenderá a considerar también el punto de vista de los demás.

5. Necesita un intérvalo: En este momento, es bueno pararse, hacer una pausa que nos sirva sobretodo a nosotros para desahogar la rabia y evitar iniciar enojados la discusión. Contenerse no es fácil, especialmente cuando se está furioso. Sin embargo, si advertimos que estamos a punto de perder el control, intentemos respirar profundamente y pensar: «Este es mi hijo, lo quiero y deseo ayudarle de todo corazon». El intérvalo también tiene otra función: permite observar sus reacciones, a las cuales a menudo no hacemos caso cuando estamos tensos. Si conseguimos mantener la calma, seguramente el niño se mostrará disgustado o tenso. En ese momento, podremos cambiar la proximidad.

6. Hace que el niño se sienta seguro y valora sus aspectos positivos: Es verdad que se ha portado mal, pero tambien es cierto que en otras situaciones nos ha demsotrado que sabe hacer cosas muy buenas. «Sabes estar atento cuando te pido que me ayudes»…Todos los niñosincluso el más desenfrenado, tienen aspectos que tanto para nosotros como para él son fuente de satisfacción. Hay que aprovecharse de estos aspectos para que colabore: recordarle siempre lo que sabe hacer, más que apuntar con el dedo lo que todavía no ha hecho. Este punto es particularmente importante , porque un niño no sabe aceptar una reprimenda sin ponerse a la defensiva o incluso hostil. Puesto que aún no es capaz de separarse de sus acciones, piensa que hacer cosas incorrectas es «ser malo» o «incapaz» y no recibe ningún incentivo por cambiar.

7. Ofrece una alternativa correcta: «¿Quieres enfadarte con un objeto?Por ejemplo puedes hacerlo con el osito de peluche». De esta manera, aceptará de buen grado la prohibición y dirigirá la atención hacia lo que le sugerimos.

8. Transmite confianza: «Estoy seguro de que lo has entendido y de que la próxima vez no lo volverás a hacer». sabiendo que confiamos en él, se comportará mejor para no decepcionar nuestras expectativas.

9. Se repite: Si un segundo después el niño no hace caso de nuestras palabras y empieza de nuevo a portarse mal, no nos desanimemos. Repitamos todo desde el principio, intentando recordar cuántas veces nos han tenido que repetir las reglas de los verbos en inglés.

Una forma de disciplina eficaz

Este tipo de reprimenda, si está bien aplicada, es una forma de disciplina eficaz, que cualquiera puede practicar y que es capaz de mejorar las relaciones con nuestros hijos.

  1. Es fácil de entender: Dura menos de un minuto, con el reloj en mano. Se ha demostrado cientificamente que la capacidad de atención de un niño es muy breve y que necesita estímulos continuos para renovarse. De hecho, al cabo de un rato, no puede seguirnos y se vuelve impermeable a cualquier mensaje. Por esta razón, las largas explicaciones y los sermones son absolutamente inútiles y contraproducentes. Lo mismo ocurre cuando, durante una reprimenda, se empieza a echar enc ara otros errores: «Hoy, has pegado a tu hermana, has roto un vaso, se te ha caído la caja de las galletas, incluso antes me ha desobedecido…» Si la reprimenda se subdivide en muchas subreprimendas distintas, se lanzan al niño muchos mensajes, pero todos de ellos débiles. En cambio, imponiéndose no superar el minuto, se está obligado a apuntar a un único objetivo, con el resultado de ser claros y eficaces.
  2. Tranquiliza al niño: Todo el mundo dabe que enfadarse con los propios hijos no significa haber dejado de quererlos. La verdad es precisamente lo contrario,: nos enfadamos porque los queremos. En cambio, el niño no lo sabe, pues aun no lo ha aprendido. Por eso, es improtante concluir asegurando al niño nuestro amor y confianza en él. ¡Le animarán a mejorar!

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